Llega noviembre y nos preparamos para el camino. Santiago, tan antiguo pero tan lleno de vida, me llamas para hacer tu ruta desde Arzúa. Pasando las tierras que ocupan ganaderos y campos, acompañada de viejas y nuevas amistades preparada para vivir nuevas experiencias. Por la noche, en un albergue, que ya había sido ocupado por otros cientos de peregrinos de todo el mundo, comparto habitación con mis más fieles compañeras. Al día siguiente, con la luz del amanecer, emprendimos nuestro camino para llegar hasta tu majestuosa catedral, acompañados de la lluvia, cuando ya casi se cerraba el día.
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